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10/14/2015

Hillary Clinton no logra despegarse del izquierdista Bernie Sanders en el primer debate demócrata

Trump se convirtió en Trending Topic durante el debate
Nadie se tiró los trastos a la cabeza y el interés se diluyó

PABLO PARDO Corresponsal Washington El Mundo

Y el vencedor del debate demócrata es… Donald Trump. Al menos, en Twitter. El empresario reconvertido en candidato presidencial se alzó como Trending Topic en las dos horas en las que los cinco candidatos demócratas a la Casa Blanca celebraron su primer debate presidencial, en la ciudad de Las Vegas, organizador por la cadena de televisión CNN y la red social Facebook.

La razón del triunfo de Trump fue evidente: en un debate en el que nadie se tiró los trastos a la cabeza, el interés se diluyó. A eso se sumó un hecho vinculado a la personalidad de los candidatos demócratas: el carisma no es el fuerte de ninguno de ellos. Y ahí entró Trump, retuiteando todo tipo de mensajes más o menos feroces, sarcásticos y egocéntricos, y aprovechando para promocionar su propia candidatura. Al final, era mucho más divertido seguirlo a él que a los demócratas.

Así que el debate concluyó dejando las cosas, más o menos, como estaban al principio. Con Hillary Clinton como favorita, apostando claramente por su experiencia política y su conocimiento de los temas a debate, pero con su rival por la izquierda, Bernie Sanders, haciendo un aceptable papel. Clinton aportó la imagen de eficiencia y Sanders la pasión.

Entre ellos dos se dirimió el debate. La ex secretaria de Estado primera tuvo el habitual tono profesional de sus intervenciones, y solo animó la voz para defender el derecho -inexistente en EEUU- a la baja por maternidad y a la financiación pública de la organización Planned Parenthood, que provee diferentes servicios médicos, entre ellos abortos, y a la que se opone el ‘Tea Party’, el grupo más conservador de los republicanos. Clinton arrancó con agresividad hacia Sanders, aunque fue suavizando su actitud poco a poco y logró evitar dar una imagen paternalista hacia el senador, lo que hubiera sido un serio problema para sus aspiraciones presidenciales.

Sanders marcó algunos de los pocos momentos animados del debate, con algunas buenas frases-“el Congreso no regula Wall Street; es Wall Street quien regula al Congreso”-si bien también se dejo cazar en política exterior-algo que en este momento le importa muy poco a los estadounidenses-o en su actitud con respecto a las armas de fuego. Pero también evitó el peligro de que su mal genio apareciera en el debate.

El ex gobernador de Massachusetts, Martin O’Malley, logró, al menos, darse a conocer. Y los otros dos demócratas, el ex senador y gobernador de Rhode Island Lincoln Chaffee y el ex senador por Virginia Jim Webb, deberían pensar en dejar la campaña ya. Su actuación fue pobre y quedaron demasiado en el centro de un partido que gira a la izquierda.

El caso más triste fue el de Chaffee, protagonista de una de las pocas meteduras de pata gloriosas de la noche. Fue cuando los moderadores le preguntaron por qué había votado en el Senado a favor de la derogación de la Ley Glass-Steagall, que permitió en 1999 la integración de bancos comerciales y de inversión y, según algunos, sentó las bases para la crisis de las ‘hipotecas basura’. “Fue mi primer voto. Acababa de llegar al Senado. Mi padre había muerto [y él heredó el escaño]”, dijo. En otras palabras: que no sabía lo que votaba.

El reparto de los tiempos que cada uno de los candidatos habló deja claro que el debate fue una cosa de dos. Hillary habló el 30% del tiempo; Sanders, el 27%; O’Malley, el 17%; Webb, el 15%; y Chaffee, el 9%.

“Este debate era la ocasión para que apareciera un tercer candidato, y ahora está claro que no va a haberlo. El encuentro consolida a Bernie [Sanders], pero solo lo suficiente como para que recorte distancias frente a una Hillary que ha estado muy sólida y a la que no se la puede considerar derrotada”, ha declarado a EL MUNDO Rubén Figueres, consejero delegado de la empresa de publicidad especializada en el público hispanohablante Alario Group, de Chicago, que en 2012 trabajó con la campaña de Obama y en 2011 y 2015 con la del ex jefe de gabinete del presidente y actual alcalde de Chicago, Rahm Emanuel.

Otra cosa, claro está, es que ese tercer candidato esté esperando a que la carrera quede reducida a Clinton y a Sanders y que la insatisfacción de los donantes demócratas con ambos haga inevitable una ‘tercera vía’ llamada Joe Biden, el candidato a la vicepresidencia.

Desde el lado republicano se veían las cosas diferentes. “Es interesante que la inmigración y los problemas de identidad nacional sean tan importantes entre los demócratas como son entre los republicanos”, explicó a este periódico Michael Gonzalez, del think tank conservador Heritage Foundation, y promotor de la famosa ‘carta de los ocho’ que José María Aznar, Tony Blair, Silvio Berlusconi, y otros cinco jefes de Gobierno europeos firmaron en enero de 2003 apoyando la invasión de Irak.

Todos los candidatos se empeñaron en dar una imagen de unidad con la que los republicanos solo podrían soñar. Así lo dejaron claro cuando les preguntaron de qué enemigos se sienten más orgullosos. Cuatro de ellos dieron respuestas perfectas en un demócrata: “el Partido Republicano” (Clinton); “Wall Street” (Sanders); “la Asociación Nacional del Rifle” (O’Malley); y “el ‘lobby’ de las empresas del carbón” (Chaffee). Solo Webb, veterano de Vietnam, volvió a dejar claro que su campaña no tiene futuro: “El soldado enemigo que me hirió, y que por suerte no está aquí”.

No todos se creyeron esos mensajes de unidad. Para González, el debate reflejó que “los demócratas están tan divididos como lo están los republicanos”.
10/05/2015

Similaridades entre Donald Trump y Podemos (y por defecto entre Ben Carson y Ciudadanos) nálisis de imagen del segundo debate republicano

Por Rubén Figueres

A pesar de estar en dos posiciones ideológicas completamente opuestas, lo que representa Donald Trump para Estados Unidos es muy similar a lo que era Podemos hasta hace unos meses para la sociedad española. La escalada vertiginosa de popularidad alcanzada y los peligros de caída rápida son comparables en ambos casos.

Podemos llegó en España en un momento en el que hacía falta un cambio. La gente estaba cansada del sistema y de la política tradicional, cuando aparecen unos chicos jóvenes con mucha energía, inteligentes y bien preparados, y lo más importante, con un gran tirón mediático. Pablo Iglesias consigue convertirse en centro de atención de los medios gracias a comentarios radicales, perfectamente explicados. Pablo fue capaz de transmitir unas ideas a priori alocadas, de una manera que las hacia razonables. Además, su tono y su imagen chocaban con los políticos tradicionales de traje y corbata y sus constantes descalificaciones. Pablo y su partido utilizaron a la perfección su tirón mediático y consiguieron una cantidad de publicidad que ninguna suma de dinero hubiera podido comprar.

Gracias a esto, Podemos se colocó como la alternativa clara al sistema existente. La gente que estaba harta del estilo de PP y PSOE y de la corrupción, que se percibía generalizada, encontraba en Podemos una alternativa viable. Pero eso sí con dudas. Muchos recelos naturales para cualquier partido emergente. Y están siendo precisamente algunas de estas dudas las que empezaron a erosionar la popularidad del partido. Entre ellas la organización interna. La percepción popular de que hay continuas guerras internas dentro del partido desestabiliza su imagen y le hace verse como una apuesta arriesgada.

Paralelamente a Podemos, está la situación de Ciudadanos. En un principio menos atractivos para los medios ya que tenían un mensaje menos controvertido, pero Albert Rivera consigue subirse al tren de Podemos y presentarse como “el otro partido que rompe con el sistema”. Cuando los medios hablan de los nuevos partidos, incluyen a Ciudadanos, a pesar de que esta formación ya llevaba años de existencia. Pero Ciudadanos, de una manera casi silenciosa, consigue situarse como el partido antisistema con ideas más moderadas y centristas. Mientras Podemos aumenta su popularidad, Ciudadanos va montado en el mismo tren, sentado dos vagones atrás recogiendo simpatizantes a los que les gusta el concepto de Iglesias pero no sus ideas.

En estas últimas elecciones catalanas hemos visto cómo el fenómeno de Podemos ha sufrido un duro golpe. Su inestabilidad interna se ha cobrado un precio alto en las urnas en favor de Ciudadanos, que se muestra ahora como una tercera fuerza más estable y unida.

Pues bien, en Estados Unidos estamos viendo un fenómeno casi idéntico, pero en vez de venir desde la izquierda llega desde la derecha. Donald Trump es el candidato republicano a las primarias más mediático con diferencia. Sus comentarios sin censura, siempre cargados de controversia, le convierten en un imán para los medios. Cuando el mismo Trump reconoce que no va a recaudar fondos externos, es en verdad porque no lo necesita. Tiene más publicidad gratuita de la que ningún otro candidato podría comprar. Trump se postula como el candidato antisistema, que rompe con los moldes del político tradicional americano, y que consigue conectar en su mensaje con una gran parte de la población. Trump atrae a la gente que está cansada de Washington y de su pasividad. Con un tono agresivo, consigue generar ilusión en sus simpatizantes. Algo que Bush, por ejemplo, falto de energía, no consigue transmitir. Las diferencias personales entre Donald Trump y Pablo Iglesias no podrían ser mayores. Pablo ofrece una imagen de líder con vocación, de una persona con unos principios muy fuertes y dispuesta a luchar por sus ideales sin importarle el interés propio. Trump, por su parte, se ve como un tipo extremadamente egocéntrico y con una insaciable hambre de poder y con un mensaje muy atractivo en un país que valora el éxito personal en los negocios. Pero a pesar de ser tan diferentes, el fenómeno que representa es el mismo en sus respectivos países.

Y de la misma manera que Ciudadanos ha viajado en el vagón de atrás del tren de Podemos, Ben Carson lo está haciendo en el de Trump. Carson se une a Trump como alternativa antisistema. Y es curioso cómo de los 15 candidatos republicanos 3 de ellos vienen del sector privado y son en estos momentos los 3 líderes en las encuestas. Lo cual da una clara idea de que la gente está harta de la política tradicional. Carson está dejando que Trump acapare los medios y diga las barbaridades que quiera para que cuando llegue el momento de la verdad y el globo de Trump empiece a desinflarse, sea el que ofrezca la versión seria y estable del voto antisistema. Trump no puede cometer errores de aquí a las elecciones, ya que los medios van a estar a punto para desangrarle a la mínima que muestre un poco de debilidad.

 

09/24/2015

Análisis de imagen del segundo debate republicano

Por Rubén Figueres

No hay mejor acercamiento al debate entre los candidatos republicanos que el que permite analizarlo sin ideologías. Elegir a los ganadores o perdedores de manera objetiva requiere hacer un ejercicio basado en tres aspectos: su imagen, la simpatía que despiertan y cómo se proyectan ellos mismos como candidato con opciones a ser elegido.

El segundo debate entre los aspirantes conservadores ha mostrado una significativa mejoría respecto al primero. La mayoría de los candidatos llegó con los deberes hechos y conscientes de las estrategias a seguir propias y ajenas. Se percibió tanto una mayor determinación como elevados niveles de energía. Partiendo de esta premisa, dirimamos quién fueron los triunfadores o vencidos.

La lista de los ganadores ha de empezar inexorablemente de nuevo con Donald Trump. Su figura acapara todo el interés y los titulares de los medios de comunicación y anula los esfuerzos del resto de candidatos incapaces de presentarse a sí mismos con una capacidad similar. El magnate neoyorkino conoce los medios como nadie y cómo alimentarlos. Sabe cómo plantarse delante de una cámara vestido con su traje de líder y hacer que todos le tratan como tal. Es sabedor de sus comentarios políticamente correctos. Como ejemplo, cuando quiso ridiculizar a Rand Paul no solo por su bajo nivel de apoyo popular en las encuestas sino también por su apariencia física. Referencias de este tipo generan sorpresa y desagrado en la audiencia. Justo lo que Trump busca, el efecto que le permite brillar por sí mismo y ensombrecer a sus oponentes cuando en el turno de réplica estos le atacan. Donald Trump sabe cuál es su rol en esta carrera por el liderazgo republicano y logró presentarse de nuevo con éxito como el candidato rebelde de Washington que tan atractivo parece ser para el votante. La cuestión es saber por cuánto tiempo Trump puede ser capaz de entretener a la audiencia con su show. Su principal riesgo será caer en los lugares comunes de manera que el impacto de su imagen y de sus comentarios sea cada vez menor por hacerse demasiado habitual.

Tras Trump se situó tras el segundo debate Marco Rubio. El senador de Florida mejoró ostensiblemente en esta ocasión en comparación con su primera actuación en la primera “contienda” celebrada en Cleveland. Aunque sus gestos, sus expresiones y su forma de hablar siguen transmitiendo la apariencia de un político tradicional y de la vieja escuela, Rubio proyectó una imagen más sólida y menos encorsetada, gallarda y competente. Sin duda, el primer senador de origen cubano en el Congreso de los Estados Unidos, se mostró mucho más fuerte que sus adversarios y mucho más presidenciable que en el primer debate celebrado en agosto.

El podio de vencedores lo completa curiosamente el moderador del debate, Jake Tapper. El corresponsal en Washington de la CNN supo cumplir su papel a la perfección: llamó al orden a los candidatos cuando estos no respondían las preguntas, ciñó escrupulosamente el tiempo de los intervinientes y contribuyó a que el ritmo de la discusión no decayera

De las idas y venidas verbales entre los candidatos, Ben Carson supo encontrar su espacio y beneficiarse de él. Este aclamado neurocirujano es la imagen opuesta a Donald Trump. Él es el rebelde serio, la perfecta alternativa para aquellos hastiados de los políticos tradicionales y apoltronados, que no toman en serio a Trump y que quieren ver un cambio real en las políticas de Washington. Es así como se explica su escalada en las encuestas. La posición que Carson ha alcanzado es la deseable para todo candidato en este punto en la carrera republicana. Si el globo de Trump se desinfla, Carson será sin duda uno de los grandes beneficiados.

En un momento en el que hay dieciséis candidatos en liza para un único puesto, lo importante no es tanto liderar los sondeos como estar colocado entre los cinco primeros. Sacar los ases de la manga de cada aspirante será preferible cuando la lucha por la nominación republicana quede reducida a un simple quinteto.

Entre la lista de ganadores hay que incluir también a Carly Fiorina. La única mujer en liza en esta carrera debe ser incluida en el grupo de finalistas con opciones. La ex asesora de John McCain supo mostrar una imagen fuerte. Fiorina sin duda gana puntos cuando sonríe y deja lado esa mirada en ocasiones tibia y esa expresión facial un tanto arisca y fría que no juegan a su favor. No lo hace tampoco caer en la red perfectamente tendida por Donald Trump y sus continuos ataques. La exdirectiva de Hewlett Packard se tragó el sapo de Trump pero su contra respuesta, inicialmente bien tramada, fue propia de una adolescente. No tomarse en serio el ataque habría sido mejor contestación. En cualquier caso, merece estar entre los cinco mejores pues no dejó de mostrarse sólida e inteligente.

Manteniendo el tono neutral del análisis, Jeb Bush realizó un buen debate al mostrarse más energético y agresivo. Sin embargo, le sigue pesando su apellido y la expresión de su cara denota cierta inseguridad que no le ayuda a ganar puntos. No le benefició tampoco el hecho de estar sentado al lado de Trump. Su actuación podría calificarse de discreta por lo que sus números en las encuestas deberían mantenerse inamovibles tras el debate.

Se podría decir lo mismo de Chris Christie.El gobernador de New Jersey no se define, se le nota incómodo en su traje prefabricado, que no compensa la imagen de solidez que pretende transmitir. Christie insiste en el discurso de su agenda diseñada para el ciudadano y desdeña el debate entre los candidatos. Aunque el tono de su voz sonaba confiado, no es capaz de distinguirse y sobresalir entre sus adversarios.

El que lo intentó, y probablemente demasiado pero con poco éxito, fue el gobernador de Wisconsin, Scott Walker. Solo por mirar a la cámara y decir que eres el mejor candidato no te convierte en uno de ellos. Al contrario, resta naturalidad a su mensaje, que expuso de manera correcta pero poco atractiva a ojos del espectador. Sus comentarios son los de un politico de la vieja escuela y su imagen corporal está lejos de ser auténtica.

Por el lado de los perdedores, el principal sin atisbo de duda alguno fue Ted Cruz. El senador por Texas se proyectó a sí mismo como un predicador barato que vende DVD’s online. Fue apenas una sátira del show televisivo Saturday Night burlándose de los políticos. Me cuesta encontrar algo positivo en el debate de Ted Cruz. En mi opinión, si no se saca algo de la manga, está fuera de la carrera por la nominación.

Hubo tres preguntas que en términos de imagen política resultaron cruciales. La primera requería que los candidatos se presentaran a sí mismos. En segundo término, los candidatos fueron cuestionados acerca de la mujer que escogerían para ser la imagen del billete de diez dólares. Algunos de los aspirantes intentó ganarse al votante al sugerir a miembros de su familia , entre ellos el de sus madres o esposas. Respuestas de ese tipo solo les ha hecho perder puntos. Resultaba obvio que estaban intentando agradar al espectador por lo que no contestaron a la pregunta en sí que era quién eres en términos de tu carrera profesional y no cuántos años has estado casado. El simple hecho de nombrar a las esposas les llevó a perder la ocasión de nombrar a una mujer importante en la historia de los Estados Unidos (quizá porque ni siquiera pudieron pensar en una). La tercera cuestión, que también hacía referencia a la imagen de los candidatos, quería saber cuál sería el apodo que elegirían para ser el código de su servicio secreto. Esta pregunta tenía como objetivo probar el sentido de humor de los candidatos pero solo evidenció que muchos de ellos se toman a sí mismos muy en serio. La mejor respuesta, como era de esperar, la de Donald Trump. Él se llamaría humilde.

Rand Paul se equivocó al entrarle al juego a Trump. Aunque quiso mostrar una imagen de fortaleza, no ofreció más que una imagen gris. Inevitablemente, el senador por Kentucky falló en su objetivo de sobresalir frente a sus contrincantes.

Mike Huckabee, por su parte, realizó, junto con Ted Cruz, la peor actuación de la noche. No se le notó sinceridad en ningún momento y dejó una imagen de persona poco confiable. No añadió nada al debate más que hieráticas expresiones y cero entretenimiento.

Por ultimo, el actual gobernador de Ohio, John Kasich, hizo mal lo que en apariencia era correcto. Sus intentos por confraternizar con todos llevan al hastío e intentar defender sus múltiples años de experiencia solo le hacen aparecer a ojos del espectador como parte del sistema, apoltronado en su silla de gobernador. Esa imagen de político acomodado es ciertamente un atributo negativo para el votante americano.

En el momento actual entre los candidatos republicanos, no tiene ningún sentido enzarzarse en debates paralelos e internos mientras la popularidad de Trump sigue en ascenso. El efecto que esa disparidad produce es contrario al objetivo deseado pues da alas a los seguidores de Donald Trump y hacer perder opciones a sus adversarios. Sería más productivo y deseable tener un debate más sano entre los candidatos que dejara al margen a Trump y pensar que el objetivo final sigue siendo pertenecer al club de los cinco elegidos. El magnate va a estar en ese club, por lo que solo quedan por definir quiénes serán sus cuatro acompañantes. Será entonces cuando tenga sentido iniciar batallas verbales contra Donald Trump.

En definitiva, se puede concluir que es el mejor debate republicano de los últimos seis años. Lejos aún de la elección definitiva, hoy por hoy hay cinco candidatos que destacan sobre los demás: Trump, Bush, Carlson, Fiorina and Rubio. Y sobre Rubio mantendría todas las miradas. No es el candidato inflexible e sin experiencia que aparentó en el primer debate. En este segundo, ha ganado puntos y se ha presentado como una fuerte alternativa para los amantes de los políticos tradicionales. De ser así, el senador de Florida podría formar el dúo final en la carrera por la nominación republicana: un candidato como Trump,al margen del sistema, y otro como Rubio al más puro estilo de Washington.

09/24/2015

Image analysis of the second GOP debate

By Rubén Figueres

In an attempt to choose winners and losers at last republican debate based solely on their image, likeability, and how electable they presented themselves, I will try to stay away from ideologies or policies.

The debate showed a big improvement versus the first one. Most candidates did their homework and paid attention to their advisors and strategists. We saw a lot more determination and higher levels of energy. With this in mind, let’s take a look at our winners and losers.

The list of winners starts again with Donald Trump. Nobody seems to have his capacity to generate interest and create headlines. He knows better than anybody how to use the media and how to remain interesting. He was able to set the tone once again as the leader and have everyone else treat him like that. As has become the norm, several politically incorrect comments, like poking fun at Rand Paul about his low support in the polls and his physical appearance, generated the wow effect in the audience. Just as he wanted. He kept high fiving his opponents and overshadowing them when they attacked him. He continued to succeed in positioning himself as the Washington outsider which seems to be so attractive to the voters in these times. His main obstacle moving forward will be trying to maintain this level of entertainment. At some point people will start getting used to his character and it will be less impactful.

The next winner would be Marco Rubio. He improved dramatically from  his performance in the first debate. This time around he seemed less scripted and more solid. While he continues to be the pure image of the traditional politician in every aspect, including his gestures, facial expressions, and his language, he definitely seemed to be the strongest among the insiders. He looked handsome and competent, and much more presidential than he did at the last debate.

And even though not a candidate himself, the third winner was Jake Tapper, the moderator. He did an excellent job and called out the candidates when they were not answering the questions. He found a perfect balance of setting the time limits for the candidates while still allowing the discussion to flow.

Ben Carson also benefitted from the exchanges. He is positioning himself as a more serious version of the outsider. For all those people who are fed up with the traditional politicians and want to see a change, but don’t take Trump seriously, Carlson seems to be the perfect option. It shows in his raise in the polls. This is a positive trend for him at this point of the race, as everyone waits for Trumps’ balloon to deflate.

For now, the most important thing for the candidates is not to lead in the polls but to make it to the top 5. They need to ensure that when it comes down to the last 5 candidates, they are still  there and  have some  aces under their sleeve.

Carly Fiorina could also be considered a winner. She definitely showed strong character, and that she belongs to the group of finalists. Her gestures, with that occasional slow blink, and her facial expression seemed a little dry and unfriendly and were not helpful from a purely visual image. Conversely though, she definitely won points when she smiled. Unfortunately, her comments about Trump’s attack, even though well structured, sounded like a high school get back, like “eat that”. I think she would have been better showing some sense of humor about it. But again she looked strong and smart. Definitely a top 5 pick.

As for the neutral aftermath, Jeb Bush had a good debate; he showed a lot more energy and took a more aggressive approach. But he still bears the weight of his last name. His facial expressions show a little bit of insecurity. And taking a seat next to Trump doesn’t benefit him. I don’t think his numbers will move much after this.

Chris Christie also ends up in a neutral position. He sounded solid, but seemed too scripted. He kept going back to his pre-planned agenda of talking about the people and not the candidates. His tone was confident, but he was not able to stand out.

Scott Walker was also trying too hard. He finished every sentence looking at the camera and telling why he is the best candidate. He didn’t seem natural. While he was good in his arguments, and showed a good level of energy he did not appear very likeable. The typical politician comments and his facial expressions didn’t present him as genuine.

As for the losers, the main loser was Ted Cruz. He sounded like a cheap preacher selling online DVDs. It was almost like a Saturday Night Live sketch making fun of a stereotypical politician. I struggle to find anything positive about his performance. In my opinion, he either pulls off some magic or he’s out of the race.

There were three questions during the debate that seemed critical in terms of the politicians’ images. The first question was meant for the candidates to introduce themselves as they saw fit. The second question asked which woman would each candidate choose to be the face on the $10 bill. Some candidates tried to appear more likeable by suggesting their family members. Some even chose to name their mothers or their spouses. I felt that it just made them lose a lot of points. They came off as trying too hard to be liked. They did not answer the obvious question here, which was, “Who are you in terms of your career?”, not “How many years have you been married?” By naming their spouse, they lost a chance to name an important woman in US history. (Perhaps, they could not even think of one.) The third question, which was also aimed at the candidates’ images, asked which name they would choose if they had to be given a secret service code name. This question was meant to test their sense of humor and it revealed some of the candidates as taking themselves too seriously. Trump gave the best answer here, by saying humble.

For the moment and while Trump’s popularity continues to rise, it is not a good idea for the candidates to start battles with him. That makes Trump’s followers dislike those candidates more. It would be far more productive to stay out of any battles with him due to his popularity, and focus their arguments on the other candidates. The goal now is to make it to the top 5. Trump will be there no matter what, so their real competition at this point is the rest of the candidates. They will have time to go after Trump when the field gets narrowed down.

Rand Paul made a mistake early on by engaging with Trump’s attack. After that, even though he was solid in his comments, he stayed very grey. He needed to stand out and he failed at it.

Mike Huckabee had probably the worst performance, together with Cruz. He seemed fake and unreliable. His expressions were like a pose, and his entertainment value was close to zero.

And lastly John Kasich, who had good points, seemed to hit it all mostly wrong. Trying to get along with everybody can get old. Also defending his many years of experience, made him look like part of the establishment, which seems to be a very negative attribute for today’s voters.

So all in all, probably the best GOP debate in the last 6 years, with the strongest field. My top 5 picks at this point: Trump, Bush, Carlson, Fiorina and Rubio. And keep an eye on Rubio. After the last debate I thought he was done. However,  he positioned himself as the strongest alternative from the conventional political arena, which could position him to be one of the  last two candidates left down the road (if we pick one outsider and one insider).

O8/16/2015

Análisis de imagen del primer debate republicano

Por Rubén Figueres

Si analizamos el primer debate republicano desde un punto de vista puramente de imagen y liderazgo, independientemente de las ideas, esta primera jornada nos dejó un interesante balance de ganadores y perdedores.

El principal beneficiado del debate fue Donald Trump, que consiguió imponer su agenda. El magnate republicano sabe que para tener aspiraciones tiene que dar de qué hablar y centrar la atención mediática. Para ello ha de explotar su tirón en el mundo del entretenimiento. Él sabe que los candidatos grises o poco interesantes no levantan el interés de los medios y mucho menos el del ciudadano de a pie. A estas alturas de la campaña, la gente no presta demasiada atención a la política y solo resuenan los actos o comentarios salidos de tono, la gente no presta demasiada atención a la política y solo resuenan los actos o comentarios salidos de tono. Trump ha conseguido ser centro de atención y que la gente este esperando a ver que va a soltar el proximo día. Republicanos y demócratas le están prestando mas atención que ningún otro candidato. Y una vez tiene nuestra atención, el siguiente paso es colarnos su mensaje.

En este caso quiere convencernos de que no es un político de profesión, sino un empresario de éxito, que quiere solucionar los problemas del país de una manera tajante. Durante el debate no se mordió la lengua, y disfrutó siendo diferente desde el primer momento en el que levantó la mano como único asistente que no se comprometía a apoyar al candidato final fuese quien fuese. También, cuando le preguntaron por sus ofensas a las mujeres, se definió como políticamente incorrecto, defendiendo que el problema principal de los políticos actuales es precisamente el ser “políticamente correctos” y no querer ofender a nadie. Su propuesta es arreglar el país cueste lo que cueste y sin importar los amigos o enemigos que se dejen en el camino. Un mensaje que resuena de manera muy positiva en el votante cansado del juego político de los últimos años en el que no se llega nunca a ningún sitio. Así pues, Donald consiguió acaparar el máximo de atención y que sus oponentes le pusieran en el ojo de mira. Fue obvio que el resto de candidatos sabía que no debía mencionar a Donald de manera directa en ningún momento para no posicionarlo como el candidato a batir, pero aun asi, no consiguieron morderse la lengua y mas de uno se cebo con el.

Ben Carson, un candidato poco sexy desde el punto de vista del entretenimiento, hizo un gran papel en términos de posicionarse como alguien inteligente que viene de afuera del entorno político. Aun así, sus apariciones fueron escasas y poco sonadas. No hizo el suficiente ruido, pero en mi opinión salió beneficiado del debate.

Jeb Bush estuvo algo inestable en términos de imagen. Intentaba desmarcarse de su padre y de su hermano, pero a veces este esfuerzo resultaba excesivo. El exgobernador de Florida brilla con más fuerza en los momentos en que adopta un todo serio. , y en varias ocasiones lo mezclaba con pequeñas sonrisas que le hacían verse menos autentico. A pesar de que para mi es el candidato más completo, no tuvo su mejor día. Aun así, dentro del grupo, fue uno de los beneficiados.

Carly Fiorina fue la otra beneficiada de la noche. A pesar de no estar en el debate principal, sino en un segundo plano con los candidatos con menos opciones, la antigua ejecutiva supo erigirse como la única mujer con capacidad de gobernar. Ayudó a limpiar la imagen dejada en el pasado por candidatas republicanas como Michelle Bachman o Sarah Palin, y demostró que merece un hueco en el top five republicano.

El resto de candidatos en mi opinion salieron perjudicados o de manera neutral. En particular Marco Rubio y Ted Cruz se mostraron como políticos de profesión, que seguían un manual de dialéctica política. Rubio respondió a su primera pregunta con un “ En primer lugar quiero agradecer …”  Utilizando unos valiosos segundos en contenido vacio. Cada candidato tenía un minuto para responder a las preguntas, con lo cual acabarían teniendo unos 5-6 minutos en total para hablar. No es mucho tiempo, pero el decidió invertir gran parte de este tiempo en este tipo de frases cliché, que no hacían más que restarle autenticidad. Más aún en un momento en el que gente como Trump estaba siendo extremada directa y yendo al grano, consciente de las limitaciones de tiempo. Tanto Rubio como Cruz, mostraban un lenguaje corporal que se veia falso y poco natural a pesar de las horas de practica que parecían haberle dedicado.

Mike Huckabee no aportó nada diferente. Parecía el mismo candidato que lo intentó sin éxito en tantas ocasiones anteriores. No tiene ningún elemento diferenciador o apetecible para el votante. Sus argumentaciones no eran malas pero no llegó a conectar. De una manera similar, el senador Rand Paul no consiguió superar sus barreras naturales. No tiene una apariencia ni física, ni en su forma de hablar de líder sólido. Y, a pesar de que aquí tuvo una oportunidad de cambiar esa imagen, el intercambio con Christie sobre la privacidad de datos le perjudicó mucho . Christie dio una imagen de mas fuerza y robustez. Desde ese momento ya no consiguió levantar cabeza.

Por su parte Walker y Kasich, que no gozan de la misma popularidad que otros candidatos, a pesar de hacer un buen papel en cuanto argumentos, no consiguieron hacerse interesantes para la audiencia. Kasich quizá le ganó la partida a Walker en términos de “gustabilidad”. Y además intentó mantenerse en buenos términos con Trump, algo inteligente, dada la creciente popularidad del magnate, pero que de por si no es suficiente.

Así pues, con toda la carrera aún por delante, y a la espera de ver lo que las encuestas muestran, empezamos a ver una batalla que promete ser intensa y de la que se puede aprender mucho en términos de imagen.